En una especia de estación de Desamparados en donde los desamparados están de verdad desamparados, enojados contra los otros y fungiendo de estoicos desarraigados me encuentro el día de hoy, empezando un ciclo de enamorado que la verdad no me pinta muy bien. Tengo novia, ella hace cosas buenas conmigo, me consiente, a veces tengo que pedírselo pero al final lo hace y sé que lo hace con gusto sólo que la petición es parte del juego que ella entiende como necesario; también me acaricia el ego con elogios carísimos y llenos de ternura, es que ella es muy tierna y se da sin miramientos al momento de amar con mimos al alma. De los otros aspectos carnales no hay quejas, además aquí me paro porque eso no le incumbe a nadie que no sea yo. Pero el asunto central es la naciente etapa de enamorado a secas que empieza hoy desde que la llamé y noté que ella estaba haciendo su vida y ni se preocupaba por si yo la llamaba, o sea que no estaba pensando en mí, y no digo esto porque esté paranoico o cosas patológicas como esas sino porque cuando contestó el celular dijo sin reparar que ya había abierto la comunicación a su amiga: ay, quien será.
Hoy la iba a ver, pero ella a último momento me dijo que tenía que hacer una tarea y que aprovecharía el día libre para hacerla con su grupo del instituto; antes que yo objetara algo definió la escena con un “gracias por comprender”. Que cómo me siento? Pues raro, porque siempre me había yo situado, aunque sea de forma autista e imaginaria en el primer lugar de sus preferencias aunque esto nunca, en honor a la verdad, fue así, pero igual me siento raro, como desplazado constantemente pero en una escala horizontal como que a veces debo llegar primero a su vida y ganar su escasa atención y en otras no y debo conformarme con cargar el estandarte de novio oficial, título que no me sirve para nada, pero esto lo digo envuelto por la rabia, ya llegaré a saber si me sirve para algo.