La certeza de saberme rechazado me instala en una lúgubre estancia interior, una distante de toda emoción benéfica, agradable en todo caso. Yo pensé que uno debía intentar, inspirado en el sentimiento guerrero de nunca rendirse, algo medio enredado terminando con lo de la esperanza nunca muere. Pero de nada sirvió, de nada. Mucho te festeje en la soledad, mucho me anime a pensar en ti con alegría, en todo caso, durante el corto lapso de mi sentimiento; yo pensé que era la simpatía que sentías por mí lo que te hacía mirarme así, tan suave, pero parece que en realidad piensas que no doy la talla. Llegue a pensar luego de tu “no quiero saber de chicos por ahora” que así sería mi vida en adelante, rechazo tras rechazo, hasta que todos en mi medio me conocieran por eso, por rechazado intentador. Me frustro, me castigo pensando que fui un imbécil, loco apresurado que se muere por querer, fanático de las batallas perdidas. La pregunta es: la pena, vale la pena?
No deberían haber tantos vacíos emocionales, ni nadie que se sienta menos por tener menos Vida. El fin de esta esquina es vigilarme tuitivamente y conducirme, pasando por conocerme, por la Cotidiana locura de una ciudad medio loca/medio linda.
Para qué gastarse?
No me gusta ver a las personas con tanto vacío emocional o tal deterioro espiritual, tal vez por eso escribo en un blog de facil acceso; para decir con una voz que quiere ser propia que no estamos solos por las calles siempre solitarias de un mundo que ya ubica a Perú en el mapa.
Centro de Lima
jueves, 12 de noviembre de 2009
jueves, 5 de noviembre de 2009
Coleccionando miradas en el desván del deseo
No sé en qué habrías estado pensando cuando te miré con deseo delicado o sutil, si quieres, la noche en que te vi en la escalera del malecón. Y no sé en qué estarías pensando porque al sentir que mi intención era sincera, te entregaste a un chico que no podría invitarte ni una copa. Tú tan linda, en jeans ajustados, con el cabello suelto como bandera al viento, cabeza tierna y postura tipo yo-no-sé-nada-señor, eras la manzana prohibida en medio del desierto.
Me impaciento rápido y no actúo con habilidad cuando esto sucede, cuando esto pasa me muerdo el labio, nervioso y suelto sonidos salvadores – delirantes, exclamaciones secas tipo uh o fua. Esta vez no fue el día de excepciones en el colegio, en donde si no has hecho la tarea no pasa nada, sino que tuve que recibir la paleta en la palma que fue que el entorno me aturdiera y todo pasara a velocidad de rebobinador de cintas; me mordí el labio y mi no-tengo-para-copas me dejó fuera de tu percepción, percepción exclusiva de situaciones agradables y no tristes, de tipos graciosos de gestos cancheros. Porque así es tu vida, querida extraña, lo vi en tu vergüenza por querer ser vista una vez más, así como te vi en la escalera del malecón. Tú resumes mi limitación económicamente prosaica y ruinosa, estudiante, hijo del dueño de mi país que no quiere que gaste dinero que yo no haya ganado. Y no he ganado dinero porque sólo escribo lo que siento.
Te veo pronto, chica del malecón. Ya estoy pasando de una mirada dirigida, con chicas como tú, a un hola corazón.
Me impaciento rápido y no actúo con habilidad cuando esto sucede, cuando esto pasa me muerdo el labio, nervioso y suelto sonidos salvadores – delirantes, exclamaciones secas tipo uh o fua. Esta vez no fue el día de excepciones en el colegio, en donde si no has hecho la tarea no pasa nada, sino que tuve que recibir la paleta en la palma que fue que el entorno me aturdiera y todo pasara a velocidad de rebobinador de cintas; me mordí el labio y mi no-tengo-para-copas me dejó fuera de tu percepción, percepción exclusiva de situaciones agradables y no tristes, de tipos graciosos de gestos cancheros. Porque así es tu vida, querida extraña, lo vi en tu vergüenza por querer ser vista una vez más, así como te vi en la escalera del malecón. Tú resumes mi limitación económicamente prosaica y ruinosa, estudiante, hijo del dueño de mi país que no quiere que gaste dinero que yo no haya ganado. Y no he ganado dinero porque sólo escribo lo que siento.
Te veo pronto, chica del malecón. Ya estoy pasando de una mirada dirigida, con chicas como tú, a un hola corazón.
martes, 3 de noviembre de 2009
Y cuándo tomamos ese té?
La vez que me dijiste que no querías que te deje de querer nunca, pase lo que pase, yo me propuse pensar en que tendría que decirte que sí lo haría porque es lo adecuado....además de amarte, pequeña. Mi dinamica cerebral me llevo a primero pensar y luego querer, así estés lejos y sólo me lo hayas dicho via chat (disculpen lo prosaico).
Quise quererte entonces y me agobió la pena en una de saberte distante y fría conmigo, a pesar de tu exquisita forma de querer cuando te lo propones.
Hoy sentado descubro que el deseo de abrazarte y tocar aunque sea de “casualidad” tu piel suavemente firme, me arroja a la ilusión de encontrarte lista para mí y mi humor, que casi siempre es el tuyo mismo, como al compás de una misma canción. No me divierte compararte con fulanas del entorno porque al hacerlo te extraño y si lo hago es porque quiero evitarlas.
Llegas a mí en un auto potente, en una copa de vino, en una mirada inteligente, en un chiste gracioso… y te encuentro.
No soporto los días sin tu manera atractiva y letal de ver las cosas. No sé para donde mirar. Mi sangre hierve y ahuyento el pecado.
Quise quererte entonces y me agobió la pena en una de saberte distante y fría conmigo, a pesar de tu exquisita forma de querer cuando te lo propones.
Hoy sentado descubro que el deseo de abrazarte y tocar aunque sea de “casualidad” tu piel suavemente firme, me arroja a la ilusión de encontrarte lista para mí y mi humor, que casi siempre es el tuyo mismo, como al compás de una misma canción. No me divierte compararte con fulanas del entorno porque al hacerlo te extraño y si lo hago es porque quiero evitarlas.
Llegas a mí en un auto potente, en una copa de vino, en una mirada inteligente, en un chiste gracioso… y te encuentro.
No soporto los días sin tu manera atractiva y letal de ver las cosas. No sé para donde mirar. Mi sangre hierve y ahuyento el pecado.
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