La certeza de saberme rechazado me instala en una lúgubre estancia interior, una distante de toda emoción benéfica, agradable en todo caso. Yo pensé que uno debía intentar, inspirado en el sentimiento guerrero de nunca rendirse, algo medio enredado terminando con lo de la esperanza nunca muere. Pero de nada sirvió, de nada. Mucho te festeje en la soledad, mucho me anime a pensar en ti con alegría, en todo caso, durante el corto lapso de mi sentimiento; yo pensé que era la simpatía que sentías por mí lo que te hacía mirarme así, tan suave, pero parece que en realidad piensas que no doy la talla. Llegue a pensar luego de tu “no quiero saber de chicos por ahora” que así sería mi vida en adelante, rechazo tras rechazo, hasta que todos en mi medio me conocieran por eso, por rechazado intentador. Me frustro, me castigo pensando que fui un imbécil, loco apresurado que se muere por querer, fanático de las batallas perdidas. La pregunta es: la pena, vale la pena?
No deberían haber tantos vacíos emocionales, ni nadie que se sienta menos por tener menos Vida. El fin de esta esquina es vigilarme tuitivamente y conducirme, pasando por conocerme, por la Cotidiana locura de una ciudad medio loca/medio linda.
Para qué gastarse?
No me gusta ver a las personas con tanto vacío emocional o tal deterioro espiritual, tal vez por eso escribo en un blog de facil acceso; para decir con una voz que quiere ser propia que no estamos solos por las calles siempre solitarias de un mundo que ya ubica a Perú en el mapa.
Centro de Lima
No hay comentarios:
Publicar un comentario