A ver… luego de haber estado echado en mi cama y haber intentado encontrar inspiración en la fresca sombra de tus alas, mujer infinita, salgo de tanta privilegiada posición y me entrego a una lectura fresca, ligera y divertida de tu: “lo sé todo” rapidísimo con la sonrisa. Entonces, dentro de mi lectura de ti y de mi, practico a ser macho y bueno y juego un poco a quererte pero no demasiado porque más seria un exceso y de cursilerías ni de vainas.
Y veo la sencillez de tu alma al recordar los momentos en donde como ayer alucinas que soy chistoso y te causa gracia lo que, sin talento de por medio, me parece oportuno hacer o decir. Así, es súper suave la brisa que tus ojos matinales dirigen hacia los míos, que son estos faroles tibios y casi apagados en un atardecer con tu silencio oportuno.
Te espero mujer en la estación del tren de la suerte y la juventud. Aquella donde se puede sonreír porque vi que ya viniste, como hoy, y todo empieza a estar bien otra vez.
Y veo la sencillez de tu alma al recordar los momentos en donde como ayer alucinas que soy chistoso y te causa gracia lo que, sin talento de por medio, me parece oportuno hacer o decir. Así, es súper suave la brisa que tus ojos matinales dirigen hacia los míos, que son estos faroles tibios y casi apagados en un atardecer con tu silencio oportuno.
Te espero mujer en la estación del tren de la suerte y la juventud. Aquella donde se puede sonreír porque vi que ya viniste, como hoy, y todo empieza a estar bien otra vez.