Todo empezó con una incertidumbre-confusión que progresaba en dimensiones geométricas con los segundos que pasaban estando yo parado en la puerta del salón sin saber si avanzar hacia Josefina que ya me había visto o pensar tal vez en sentarme solo en otro sitio que no sea en el que estaba vacío a su lado. Quería yo que todo se solucionara sin quiebres dolorosos para la relación romántica que sostenía con mi novia, relación totalmente ajena a la chica cuya imagen se hacía más grande a medida que me acercaba hacia donde estaba porque en fin, ya me había puesto en marcha. Abrí las ventanas de una sección que por cerrada y calurosa me agobiaba aunque sin demostrarlo mucho. Luego la saludé de beso: -Hola- me dijo –tienes las copias del examen?- -Sí- contesté parco, -Entonces venga, acompáñame a sacarle copia al primer piso.
Sólo me dejé llevar con conciencia permanente que lo único que hacía era faltar a la palabra dada a mi novia: -Por esta semana que me voy de Lima si es posible no andes con chicas, si es necesario aíslate que tengo miedo.- -Te lo prometo.-
Avanzaba por el pasillo de la facultad dando pasos dolorosos y hablando de cualquier cosa mientras me iba descubriendo cada vez más cerca emocionalmente a ella, lo único que atinaba a hacer era silenciar el miedo y la vergüenza deslizando un comentario sobre el tema de las copias y mirando al piso mientras observaba el confundido andar de mis pies cansados. Capaz tomé una decisión sin saberlo respecto a si sería fiel porque cuando llegamos al primer piso me alejé en cuerpo y alma de ella ante el tumulto organizado y juvenil de los estudiantes alrededor de las maquinas fotocopiadoras. Sentado esperándola sin esperar realmente me sentí ubicado de nuevo y con la fuerza de un impulso me acerqué a ella y… me despidió! que mejor iba yendo al salón, que iba a tardar, sin más, sin técnica ni nada; entonces, ofendido un poco porque siempre soy devoto de las formas, y ya harto me largué habiendo encontrado la respuesta que el dolor y el miedo, agazapados en mi interior, me develaron silenciosos a cada paso seguro y perdido hacia la fidelidad rotunda y feliz de mi romance intacto.
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