El primer día después del adiós, cuán definitivo será, no lo sé, pero el primer día después del adiós fue como la poesía que no se entiende, sin sentido; el auto que no convence a ningún peatón, sin ritmo, sin dominio; la razón de ser del ladrón, falsa; la desazón del neurótico, nada es como quiero que sea; la pobreza de un avaro y sin amor, sin amor.
He sentido en este primer día después del adiós tanta nostalgia por tus sonrisas inmediatas, tan hondo pesar por mis abstracciones desperdigadas en el vano quehacer cotidiano, todo esto antes de prestarte más atención y entender más de la vida a tu lado, más del amor. He sentido tanto esto que me considero dueño de un infortunio que eclipsa por oscuro mis otros infortunios adheridos a la tristeza congénita de mi carácter, desarraigado, ambulante si quieres, pero en el peor sentido de la palabra.
He querido sacar a pasear mi inconformismo, mis dudas emblemáticas a la calle, y lo he hecho con estoicismo, aferrándome a la idea de quererte un poco más, soltarte cada vez más, lograr que lo nuestro funcione… pero así nada más las cosas no ocurren, las creencias el viento se las llevan me lo dicen mis voces del alma, que no soy tan fuerte como para atrapar mis sueños contigo y abrazarlos hasta el fin del amor tal vez, si es que este no es ya el fin del amor.
Siento ganas intensas de verte, aunque sea de escuchar tu voz: un hola, un estoy bien y tú? Un te extraño sería mucho pedir, lo sé, pero como lo anhelo, tal vez como se anhela el calor de una chimenea prendida luego, ya, tras la tormenta. Y ahora sé que de veras te quiero.
He sentido en este primer día después del adiós tanta nostalgia por tus sonrisas inmediatas, tan hondo pesar por mis abstracciones desperdigadas en el vano quehacer cotidiano, todo esto antes de prestarte más atención y entender más de la vida a tu lado, más del amor. He sentido tanto esto que me considero dueño de un infortunio que eclipsa por oscuro mis otros infortunios adheridos a la tristeza congénita de mi carácter, desarraigado, ambulante si quieres, pero en el peor sentido de la palabra.
He querido sacar a pasear mi inconformismo, mis dudas emblemáticas a la calle, y lo he hecho con estoicismo, aferrándome a la idea de quererte un poco más, soltarte cada vez más, lograr que lo nuestro funcione… pero así nada más las cosas no ocurren, las creencias el viento se las llevan me lo dicen mis voces del alma, que no soy tan fuerte como para atrapar mis sueños contigo y abrazarlos hasta el fin del amor tal vez, si es que este no es ya el fin del amor.
Siento ganas intensas de verte, aunque sea de escuchar tu voz: un hola, un estoy bien y tú? Un te extraño sería mucho pedir, lo sé, pero como lo anhelo, tal vez como se anhela el calor de una chimenea prendida luego, ya, tras la tormenta. Y ahora sé que de veras te quiero.
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