Para qué gastarse?

No me gusta ver a las personas con tanto vacío emocional o tal deterioro espiritual, tal vez por eso escribo en un blog de facil acceso; para decir con una voz que quiere ser propia que no estamos solos por las calles siempre solitarias de un mundo que ya ubica a Perú en el mapa.







































































Centro de Lima

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jueves, 6 de enero de 2011

Modus vivendi

Sé que algo me pasa, que de un momento a otro me viene un bajón, tristeza insoslayable, melancolía; no quiero despilfarrar mis actos, solo quiero hablarle, que sonría y me deje sentir su armonía grácil y fluida, que me mire y se abra a la lluvia infinita de estrellas que ella produce en mi mirada, cuando hablamos, cuando vemos. Poder hablar cuestiones de sosiego, tomar remedios que no son placebo, que son y punto, contra la cólera, contra el abatimiento, arrancando desde la apatía al desvanecimiento del alma que es la locura, la temida locura de los hombres, la del auto confinamiento. Y de pronto escapas a todo eso y te das cuenta que con el sólo hecho de parecernos ya vamos sanando, sonrisa tras sonrisa, mirada tras mirada, tiempo, tiempo.

Necesito pasar tiempo a solas para dejar de sentir en el centro de mi ser que me apago cuando intento proceder, que no me llega a entender, que no siente igual que ayer; y el ayer, fue tan vivido el ayer que lo llevo como un estandarte junto con la sonrisa de mi boca, que se presentó frente a la suya decentemente y sin apuros, viviendo el momento, no procediendo a actuar, siempre con miramientos. Jamás me hubiese yo perdonado una mirada dirigida a esos ojos picaros, exactos y fulminantes. No. Hubiese colapsado si me hubiese dado cuenta que te alejaste un centímetro, que en cuestiones de mujeres es un infinito, un oscuro y profundo asqueroso minuto sin compañía total, sin su camaradería, sin trigo ni pan

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